Llegó papito, llegó papito
y se lanzó escaleras abajo cuando sintió frenar el carro frente a la verja de
entrada, y antes de que papito tuviera tiempo de abrirla ya Cirilo se había ‘colgado’
de su cuello y había comenzado a darle muchos piquitos.
¿Qué decir de Cirilo?
Cirilo era un madrugador; a él le encantaba levantarse muy temprano, darle vuelta a la casa, pedir su desayuno y
que éste se lo sirvieran en su cuarto; y se puede pensar que en las mañanas
tenía siempre la misma rutina. Después de su desayunito su atención se volvía al
murmullo de voces en el dormitorio de papito y él se moría de ganas de entrar y
participar de esa conversación, pero la puerta estaba cerrada. Y no le quedaba ‘de otra’ que esperar. Por fin la puerta se abría
y sin saludar siquiera entraba y se instalaba en la cabecera de la cama,
esperando la oportunidad de meter ‘basa’ en la conversación. Y como la
filosofía de papito era dejar ser a cada cual lo que es; pronto Cirilo agotaba
su conversación y se quedaba como adormecido junto a papito.
Más, si ese día coincidía con
que papito se estaba demorando para bajar a desayunar; Cirilo iba hasta su
cuarto y buscaba de lo que tenía reservado y le traía bocaditos. Es que Cirilo amaba a papito más allá de todo
límite, pero no le podía expresar su amor con un “te quiero” ya que siendo un
lorito… todavía no le habían enseñado a decirlo. Fin.
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