RELATOS DE LA VIDA EN BLANCO Y NEGRO

sábado, 23 de julio de 2016

PERMISO, YO ME ENAMORO. I



Llegó papito, llegó papito y se lanzó escaleras abajo cuando sintió frenar el carro frente a la verja de entrada, y antes de que papito tuviera tiempo de abrirla ya Cirilo se había ‘colgado’ de su cuello y había comenzado a darle muchos piquitos.

¿Qué decir de Cirilo? Cirilo era un madrugador; a él le encantaba levantarse muy temprano,  darle vuelta a la casa, pedir su desayuno y que éste se lo sirvieran en su cuarto; y se puede pensar que en las mañanas tenía siempre la misma rutina. Después de su desayunito su atención se volvía al murmullo de voces en el dormitorio de papito y él se moría de ganas de entrar y participar de esa conversación, pero la puerta estaba cerrada. Y no le quedaba  ‘de otra’ que esperar. Por fin la puerta se abría y sin saludar siquiera entraba y se instalaba en la cabecera de la cama, esperando la oportunidad de meter ‘basa’ en la conversación. Y como la filosofía de papito era dejar ser a cada cual lo que es; pronto Cirilo agotaba su conversación y se quedaba como adormecido junto a papito.

Más, si ese día coincidía con que papito se estaba demorando para bajar a desayunar; Cirilo iba hasta su cuarto y buscaba de lo que tenía reservado y le traía bocaditos.  Es que Cirilo amaba a papito más allá de todo límite, pero no le podía expresar su amor con un “te quiero” ya que siendo un lorito… todavía no le habían enseñado a decirlo. Fin.


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