RELATOS DE LA VIDA EN BLANCO Y NEGRO

lunes, 18 de julio de 2016

MI DULCE DE NARANJAS


Juan Evangelista cepilló sus zapatos contra el felpudo del zaguán, corrió el pestillo del contra portón e ingresó al ‘recibidor´, custodiado por el retrato de doña Emperatriz Landines-Curi; le hizo un breve venia y continuó por el corredor que miraba al patio de las palmeras árabes. De repente, sintió ese olor característico de la miel de panela, las especies y el espirituoso de las cortezas de naranjas en su cocción lenta.  Continuó su camino hacia el comedor de las violetas, corrió una silla y se sentó a esperar la llegada de Ermelina. Durante la espera, vino a su memoria la imagen y el trajín que conllevaba la preparación del “dulce de naranjas”; las recomendaciones de Ermelina cuando la ayudada a exprimir las naranjas para el refresco de la media mañana: “Juancito, lava primero las naranjas”; “Juancito, córtalas por el medio y exprímelas y las cortezas las pones en esa olla grande”; y seguían el rosario de “Juancitos” ; “J…, pon a la olla suficiente agua hasta que las cubra bien”; “J…, alcánzame el frasco del ‘bicarbonato’ y una cucharita”. “J…, hazme el favor de ayudarme con esas naranjas; prende el reverbero de ‘cisco’ y pon la olla y le agregas una cucharadita de bicarbonato y no la tapes”. “J…, puedes irte a tus otros quehaceres, pero no olvides darte una vueltica por la cocina y vigilar que reverbero no coja llama y las naranjas se puedan cocinar a fuego lento”.

Pero, Juan, el considerado Juan, para no ir a asustar a la mamá comenzó a silbar la tonadilla de la Virgen del Pilar, que tanto le gustaba a Ermelina, y un: “ya voy mijito” se dejó oír desde abajo, del solar de los nísperos dulces y las  azaleas.

Si te gusta el dulce y quieres saber cómo sigue la historia te invito a una próxima publicación en el MURO.
II
Pero los “Ya voy de Ermelina” cuando revisaba sus matas y recogía azaleas para llevar al panteón familiar, era un poco demorado; de manera que Juan Evangelista se entretuvo recordando que era lo que hacía ordinariamente, en el segundo día de la preparación del mencionado dulce:

Al día siguiente, muy temprano, después de ayudar a moler el maíz  de las arepas, comenzaba de nuevo los “Juancitos”; “J…, mientras se asan las arepas, puedes ir sacándole el bagazo a las naranjas y las pones en la olla de cocinar dulce, J…, recuerda que hoy las vamos a enjuagar varias veces y las dejaremos en reposo hasta mañana que las pondremos a calar”.

Cómo Juan Bautista se acordó también de que a Ermelina le encantaban los detalles sorpresa, y él le traía uno especial, levantándose se encaminó hasta la cocina y allí buscó el delantal de Ermelina y en uno de sus bolsillos depositó  como unos dulces, de barra corta, envueltos en papel celofán de varios colores. Sonrió pensando en la cara de Ermelina cuando encontrara la sorpresa.

Quieres saber el final de este relato, te invito a una próxima publicación en el MURO.
III

Juan Bautista sentía veneración por Ermelina y le encantaba llegar a la casa de la madre, abrazarla, decirle piropos inventados al vuelo y llevarle regalos; además, dejarle escondidos, en donde ella los encontrara pronto, otros regalitos sorpresa.

Siguiendo con sus recuerdos, Juan Bautista recordó cómo  finalizaba la preparación del “dulce de naranjas”. Así que, al tercer día, después de moler el maíz; “Juancito, saca las naranjas y ponlas a escurrir; yo las voy a picar en tiritas y tú mientras tanto me traes tres panelas, la canela y los clavos de olor de la despensa. Y por favor, Juancito, prendes el reverbero y le pones suficiente “cisco” ya que las naranjas para que queden tiernas se deben calar a fuego bien lento. “Juancito, ¡ayúdame otro poquito! En la olla del dulce pon las tiritas de naranja, a un lado las tres panelas, cuatro astillas grandes de canela, y unos veinte clavos de especie, y, por último le agregas agua hasta que se cubra todo bien y un poquito más. Y, por favor que la olla quede bien asentada sobre el reverbero y no la tapes, por ahí dentro de unas tres horas hay que comenzar a vigilarla hasta que el almíbar esté suficientemente espeso para bajarla; listo, Juancito; pero no me pidas dulce caliente hay que dejarlo reposar.
Más tarde y después de la visita de Juan Bautista, Ermelina fue a la cocina y al ponerse el delantal notó que en uno de los bolsillos habían unos caramelos; al desenvolver uno se encontró con un “atadito” de billetes, sonrió y meneando la cabeza fue y los guardó en el armario de rosas, junto a la caja calas joyas heredadas de Emperatriz.

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