Juan
Evangelista cepilló sus zapatos contra el felpudo del zaguán, corrió el
pestillo del contra portón e ingresó al ‘recibidor´, custodiado por el retrato
de doña Emperatriz Landines-Curi; le hizo un breve venia y continuó por el
corredor que miraba al patio de las palmeras árabes. De repente, sintió ese
olor característico de la miel de panela, las especies y el espirituoso de las
cortezas de naranjas en su cocción lenta. Continuó su camino hacia el comedor de las
violetas, corrió una silla y se sentó a esperar la llegada de Ermelina. Durante
la espera, vino a su memoria la imagen y el trajín que conllevaba la
preparación del “dulce de naranjas”; las recomendaciones de Ermelina cuando la
ayudada a exprimir las naranjas para el refresco de la media mañana: “Juancito,
lava primero las naranjas”; “Juancito, córtalas por el medio y exprímelas y las
cortezas las pones en esa olla grande”; y seguían el rosario de “Juancitos” ; “J…,
pon a la olla suficiente agua hasta que las cubra bien”; “J…, alcánzame el
frasco del ‘bicarbonato’ y una cucharita”. “J…, hazme el favor de ayudarme con
esas naranjas; prende el reverbero de ‘cisco’ y pon la olla y le agregas una
cucharadita de bicarbonato y no la tapes”. “J…, puedes irte a tus otros
quehaceres, pero no olvides darte una vueltica por la cocina y vigilar que
reverbero no coja llama y las naranjas se puedan cocinar a fuego lento”.
Pero,
Juan, el considerado Juan, para no ir a asustar a la mamá comenzó a silbar la
tonadilla de la Virgen del Pilar, que tanto le gustaba a Ermelina, y un: “ya
voy mijito” se dejó oír desde abajo, del solar de los nísperos dulces y las azaleas.
Si
te gusta el dulce y quieres saber cómo sigue la historia te invito a una
próxima publicación en el MURO.
II
Pero
los “Ya voy de Ermelina” cuando revisaba sus matas y recogía azaleas para
llevar al panteón familiar, era un poco demorado; de manera que Juan
Evangelista se entretuvo recordando que era lo que hacía ordinariamente, en el
segundo día de la preparación del mencionado dulce:
Al
día siguiente, muy temprano, después de ayudar a moler el maíz de las arepas, comenzaba de nuevo los
“Juancitos”; “J…, mientras se asan las arepas, puedes ir sacándole el bagazo a
las naranjas y las pones en la olla de cocinar dulce, J…, recuerda que hoy las
vamos a enjuagar varias veces y las dejaremos en reposo hasta mañana que las
pondremos a calar”.
Cómo
Juan Bautista se acordó también de que a Ermelina le encantaban los detalles
sorpresa, y él le traía uno especial, levantándose se encaminó hasta la cocina
y allí buscó el delantal de Ermelina y en uno de sus bolsillos depositó como unos dulces, de barra corta, envueltos
en papel celofán de varios colores. Sonrió pensando en la cara de Ermelina
cuando encontrara la sorpresa.
Quieres
saber el final de este relato, te invito a una próxima publicación en el MURO.
III
Juan
Bautista sentía veneración por Ermelina y le encantaba llegar a la casa de la
madre, abrazarla, decirle piropos inventados al vuelo y llevarle regalos;
además, dejarle escondidos, en donde ella los encontrara pronto, otros
regalitos sorpresa.
Siguiendo
con sus recuerdos, Juan Bautista recordó cómo
finalizaba la preparación del “dulce de naranjas”. Así que, al tercer
día, después de moler el maíz; “Juancito, saca las naranjas y ponlas a
escurrir; yo las voy a picar en tiritas y tú mientras tanto me traes tres
panelas, la canela y los clavos de olor de la despensa. Y por favor, Juancito,
prendes el reverbero y le pones suficiente “cisco” ya que las naranjas para que
queden tiernas se deben calar a fuego bien lento. “Juancito, ¡ayúdame otro
poquito! En la olla del dulce pon las tiritas de naranja, a un lado las tres
panelas, cuatro astillas grandes de canela, y unos veinte clavos de especie, y,
por último le agregas agua hasta que se cubra todo bien y un poquito más. Y,
por favor que la olla quede bien asentada sobre el reverbero y no la tapes, por
ahí dentro de unas tres horas hay que comenzar a vigilarla hasta que el almíbar
esté suficientemente espeso para bajarla; listo, Juancito; pero no me pidas
dulce caliente hay que dejarlo reposar.
Más tarde y después de la visita de Juan
Bautista, Ermelina fue a la cocina y al ponerse el delantal notó que en uno de
los bolsillos habían unos caramelos; al desenvolver uno se encontró con un
“atadito” de billetes, sonrió y meneando la cabeza fue y los guardó en el
armario de rosas, junto a la caja calas joyas heredadas de Emperatriz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario