Toda la
mañana del viernes estuve llamando a mis familiares para invitarlos a una
parcela que tengo a tres horas de la ciudad donde vivo y a donde tenia que ir a
resolver unos asuntos.
Cansada de
oír las recomendaciones de mis parientes, ya que todos me sentencian que debo
“vender” para quitarme dolores de cabeza, y de oír toda clase de excusas para
no acompañarme, me fui al apartamento de mi vecina a pedirle el favor que me
acompañara junto con su familia y que de paso ellos disfrutarían de campo,
piscina, etc. Ella me dijo, que el plan
le parecía excelente pero que su esposo tenía un compromiso y ella estaba
invitada.
Desilusionada,
estaba a punto de irme, cuando me di cuenta que en el comedor estaba su hijo
adolescente jugando con su móvil, a mi se me ilumino la cara, porque ya tenia
la solución, pero el chico, leyendo mis intenciones se acerco a su mamà y le
dijo: “mamì acuérdate que debo estudiar” y se alejó para contestar una llamada
que estaba entrando a su móvil. Desalentada, empecé a despedirme, pero
escuchaba la voz del chico, diciendo:
-cancelado, cancelado, cancelado…-, él se acerco a nosotras y me dijo: te
acompaño. A que horas salimos? –mami, puedo? Sorprendida, pero feliz, Dios
había oído mis ruegos y tenia una compañía, le dije que saldríamos el sábado
bien temprano para regresar el mismo día.
Al día
siguiente, muy temprano, sonó el timbre, abrí,
era el joven preparado con su morral.
Muy
entusiasta me ayudo a llevar las cosas al baúl del carro, me preguntó que si
llevaba todos los documentos, recordándome todo el tiempo que no se me fuera a
olvidar nada.
Todo iba
muy bien. Sentado a mi lado él escuchaba música desde su celular acompañándolo
con movimientos de cabeza y manos, de pronto deje de oír el pequeño ruido del móvil, me miro y me dijo si
tenía cargador, yo le respondí que no, mas adelante abrió la guantera del carro
y vio una memoria, me preguntó que contenía? le respondí que canciones de
alabanza a Dios, la conecto al equipo del carro y estuvo escuchando un rato,
después con un gesto de desprecio apago. Seguimos en silencio. De pronto no se
por qué, abordé el tema de Dios, haciendo énfasis en la importancia de saber
pedir y pedir con fe. No se si me escuchaba, no único que le oí decir es
“quiero un pato”. Fastidiada acelere un
poco, para llegar lo mas pronto posible.
De pronto,
el chico gritó un Pato,… un pato,… un pato, ¡Para! ¡Para! Asustada frené, no
tuve tiempo de hacer nada porque el chico abrió la puerta del carro y salio
corriendo. Aterrada lo veía correr sin
saber que pasaba, lo veo que se agacha y recoge algo, regresa hacia mí dando
saltos, me muestra un pato de unos diez días de nacido. Cuando llegamos a la
parcela al joven se le iban los ojos averiguando quienes estaban en la piscina,
me di cuenta el porque había accedido a acompañarme, porque de ella salieron
unas bellas jóvenes, mis vecinas, que al ver que traía un patito se turnaban
para cogerlo y darle besos, una de ellas le dijo que se lo regalara, el
consintió, ellas se alejaron dejándolo pensativo. Yo lo abracé y él me dijo:
parece increíble, me fue concedido un deseo y lo desperdicie en un miserable
pato.
Publicado por Olga
como un aporte al blog de Ilma
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